03 junio 2026

¿Veremos pronto robotaxis circulando por España?

 

Sabemos por los medios de comunicación - o por algún conocido que los ha visto o utilizado - que ya existen servicios de taxi con vehículos autónomos en algunas ciudades del mundo. El caso más conocido es probablemente el de San Francisco, donde empresas como Waymo operan flotas de vehículos capaces de transportar pasajeros sin conductor al volante. También existen experiencias avanzadas en Phoenix, Los Ángeles, Abu Dabi o algunas ciudades chinas, donde los robotaxis forman ya parte del paisaje urbano, aunque generalmente bajo condiciones muy controladas y tras años de pruebas y autorizaciones.

Acabo de leer en El País que «Los robotaxis llegarán a Madrid antes de final de año de la mano de WeRide, Uber y Avomo» y que «WeRide, una de las principales compañías del ámbito de la tecnología de conducción autónoma, Uber Technologies y Avomo, compañía del grupo Moove Cars, han anunciado este martes sus planes para poner en marcha en Madrid el primer piloto comercial de vehículos autónomos en España antes de que termine este mismo año».

Pues bien, esta noticia podría llamar a engaño si alguien piensa que pronto veremos circular por las calles y carreteras españolas vehículos completamente autónomos, sin conductor humano y con plena libertad de movimientos.

La realidad es bastante más compleja.

Es cierto que la Dirección General de Tráfico lleva años facilitando y autorizando pruebasexperimentales con vehículos automatizados y conectados. España, de hecho, ha sido uno de los países europeos que antes estableció un procedimiento para permitir ensayos en vías abiertas al tráfico. También es cierto que la tecnología ha avanzado de forma extraordinaria durante la última década.

De hecho, el pasado 18 de mayo, en la comparecencia del director de la DGT, Pere Navarro, éste señaló que “España es actualmente el país de la Unión Europea en el que más pruebas de vehículo autónomo se están realizando. El primero es el Reino Unido, aunque ya no forma parte de la Unión Europea. En nuestro caso, contamos ya con 16 autorizaciones de prueba para vehículos autónomos. ¿Qué significan estas pruebas? Pues que los fabricantes están realizando cientos de miles de kilómetros de ensayos por toda España con vehículos autónomos, siempre con una persona a bordo encargada de supervisar el sistema y registrar cualquier incidencia o anomalía que pueda detectarse. En definitiva, las grandes marcas han elegido España como uno de los territorios preferentes para el desarrollo y ensayo del vehículo autónomo. Y conviene tener una idea clara: durante mucho tiempo el vehículo autónomo se contempló con cierta distancia o relatividad, como una tecnología pensada únicamente para determinados entornos, por ejemplo, las autopistas. Sin embargo, su desarrollo está avanzando mucho más rápido de lo que todos pensábamos. Por tanto, tendremos que otorgar al vehículo autónomo la importancia estratégica que realmente tiene y merece”.

Sin embargo, entre la autorización de pruebas experimentales y la circulación ordinaria de robotaxis existe todavía un largo camino jurídico, técnico y administrativo por recorrer.

La razón es sencilla: toda nuestra legislación de tráfico está construida sobre una premisa básica que ha permanecido inalterada durante más de un siglo. Siempre existe un conductor responsable del vehículo.

La Ley sobre Tráfico, el Reglamento General de Circulación, el Reglamento General de Vehículos, la normativa sobre permisos de conducción, la legislación de seguros obligatorios e incluso el Código Civil y el Código Penal en aquellas materias relacionadas con la seguridad vial y la responsabilidad vial descansan sobre la existencia de una persona física que conduce, toma decisiones y responde de sus actos.

Los robotaxis cuestionan precisamente ese principio.

Si un vehículo circula sin conductor y se salta un semáforo, ¿quién comete la infracción? Si provoca una colisión, ¿quién responde frente a las víctimas? ¿El propietario del vehículo? ¿La empresa operadora? ¿El fabricante? ¿El desarrollador del software? ¿La empresa que actualizó el sistema de inteligencia artificial? ¿Todos ellos conjuntamente?

Las respuestas todavía no están completamente resueltas ni en España ni en la mayor parte de Europa.

Antes de que los robotaxis puedan operar de forma generalizada será necesario culminar varios procesos regulatorios.

En primer lugar, la Unión Europea deberá seguir desarrollando los procedimientos de homologación específicos para vehículos altamente automatizados. La homologación de un vehículo autónomo no puede limitarse a verificar frenos, luces o neumáticos. También debe evaluar sistemas de percepción, algoritmos de decisión, ciberseguridad, comunicaciones, actualizaciones remotas y capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas.

En segundo lugar, España deberá adaptar su normativa de tráfico para reconocer jurídicamente la figura del vehículo autónomo. Será necesario determinar cuándo puede circular sin conductor, en qué condiciones, bajo qué supervisión y con qué limitaciones.

En tercer lugar, deberá establecerse un régimen claro de responsabilidad civil y administrativa que garantice la protección de las víctimas y la seguridad jurídica de usuarios, fabricantes y operadores.

Cuarto lugar, y no menos importante, habrá que encajar esa nueva realidad con la regulación de los servicios de autotaxi y de VTC y con diálogo y concertación con el sector profesional.

Y, finalmente, será imprescindible desarrollar mecanismos de supervisión pública, auditoría tecnológica y control de seguridad equivalentes a los que hoy existen para otros sistemas críticos de transporte.

Por tanto, la noticia sobre Madrid debe interpretarse como un paso importante, pero no como la llegada inminente de una nueva era en la movilidad española.

Las pruebas que puedan desarrollarse durante los próximos meses serán valiosas porque permitirán obtener experiencia real, recopilar datos, identificar riesgos y preparar el marco regulatorio que tarde o temprano será necesario aprobar.

La pregunta ya no es si los vehículos autónomos acabarán formando parte de nuestro sistema de transporte. Todo indica que así será. La verdadera cuestión es cuándo estarán preparados para hacerlo con niveles de seguridad iguales o superiores a los de la conducción humana y, sobre todo, cuándo estará preparada nuestra legislación para acompañar esa transformación.

Porque en materia de movilidad, como en tantos otros ámbitos, la innovación tecnológica puede avanzar muy deprisa. Pero la confianza de los ciudadanos solo se construye cuando la tecnología, la seguridad y el derecho avanzan al mismo ritmo.

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